Los árboles

Los árboles meditan en Invierno.
Gracias a ello, florecen en primavera, dan sombra y frutos en verano,
y se despojan de lo superfluo en el otoño.

• El Árbol es Vida y nos da vida al actuar sobre la atmósfera y el clima, fijar la tierra, producir alimentos y madera, ser fuente de salud con sus frutos, flores y esencias, elemento esencial en la cadena de la Vida.

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• El Árbol es la representación simbólica del Hombre que, como el árbol, tiene las raíces de su vida bien insertadas en la Tierra y su aspiración de trascendencia rozando el Cielo.

• El Hombre y el Árbol son así antenas que unen el Cielo y la Tierra en el movimiento continuo de la Vida.

• Desde la Antigüedad, todas las culturas y tradiciones tienen árboles sagrados, desde el Árbol de Vida del Génesis al Ficus en el que Gautama Buda alcanzó la iluminación, desde el manzano de la isla de Avalon del rey Arturo hasta los árboles mágicos de celtas y druidas o los del Yannat, los Jardines del Paraíso coránico.

• Los Árboles son los seres vivos más antiguos, los que más experiencia de Vida han acumulado y, por tanto, unos “maestros” de los que podemos aprender, vivir sus energías, recargarnos con su potencia, disfrutar de su belleza… contactar de otra forma con la Vida.

Entre ellos nos sentimos serenos, sosegados, descansados y tranquilos…

Los árboles moderan el clima, mejoran la calidad del aire, conservan agua y dan albergue a la vida silvestre. Hasta los pacientes de cirugía mejoran cuando desde sus habitaciones se ven árboles. Los árboles nos hacen la vida más agradable.

Su longevidad y belleza suscitan admiración. Los árboles son también los organismos más viejos que puede contemplar la mayoría de la gente. Desde la más remota antigüedad, los árboles han sido reverenciados como un vínculo entre el cielo y la tierra.

Los estudios de John Musselman de la Old Dominion University de Norfolk, Virginia, sobre las abundantes referencias a los árboles y su simbología en los libros sagrados del judaísmo, el cristianismo y el Islam reflejan el lugar que ocupaban los árboles en la vida diaria y el imaginario de las culturas de milenios pasados.

Es también la representación simbólica del Hombre que, como el árbol, tiene las raíces de su vida bien insertadas en la Tierra y su aspiración de trascendencia rozando el Cielo.

Más allá de lo simbólico, el paralelismo entre el hombre y el árbol llega a nuestro interior: La circulación de la sangre, la ramificación de nuestro sistema respiratorio, la trayectoria de los mensajes de nuestro cerebro y nuestra médula espinal funcionan como la circulación de la savia desde la raíz por el tronco a las ramas. Nuestros procesos mentales y emocionales igualmente nos recuerdan a los árboles: La raíz de nuestras emociones suele estar enterrada lejos de nuestra vista.

Diversos estudios científicos sobre el comportamiento de las plantas y de las relaciones físicas y emocionales entre las plantas y el hombre, como los descritos por Peter Tompkins y Christopher Bird (“La Vida Secreta de las Plantas”, 1973), o los estudios sobre el “efecto Backster” demostrado en repetidos experimentos, nos hablan de una relación privilegiada entre las plantas y el hombre.

Lo energético

A lo largo de su evolución el hombre se ha erguido hacia el cielo. Su postura vertical lo convierte en antena de captación, lazo de unión entre el cielo y la tierra. El Hombre y el Árbol son así antenas en el movimiento continuo de la Vida.

Hombre de Miguel AngelNuestra Tierra está viva, como lo demuestran la desviación de los continentes, su suelo en permanente mutación y las fuerzas de la Naturaleza manifestándose regularmente. La física actual parte de planteamientos muy similares y llega a conclusiones que no están alejadas de estas propuestas.

Las energías telúricas que captamos por la superficie de nuestros pies, sin darnos cuenta son producidas por el magma. Éstas remontan a través de nuestro cuerpo por diferentes escalones que llamamos centros energéticos o chakras y que tienen cada uno su especificidad.

Al igual que nosotros tenemos una estructura energética – con referencias en muy diversas culturas desde algunos milenios atrás y unas primeras referencias en occidente con el místico alemán J.G. Giechtel, 1696 – de la que los chakras y algunos cuerpos forman parte, la planta tiene un cuerpo físico y un solo cuerpo sutil: el cuerpo etérico que es posible visualizar con la cámara fotográfica diseñada por el doctor Kirlian o los más modernos quantum utilizados por la física cuántica y como plantean las múltiples investigaciones de la Universidad de San Petersburgo.

Lo transpersonal

Por otra parte, algunas Tradiciones, como el sufismo, nos enseñaron bastante sobre cómo trabajar el bienestar y la salud mental e hicieron de la “educación del alma” -esto es, del tratamiento de la persona completa- uno de los temas centrales de su literatura, sirva como botón de muestra el libro “Las enfermedades del alma y sus remedios” de Shaykh al-Sulamî.

Yin-Yang MandalaEn nuestra cultura occidental Abraham Maslow, uno de los grandes precursores de la psicoterapia moderna, expone (“Una teoría de la Motivación Humana”) una clasificación de las necesidades humanas y la más elevada, por encima todas las demás es la necesidad de poder llegar a ser lo que cada uno podemos llegar a ser, y esto incluye las necesidades de conocimiento y trascendencia.

Fritz Perls, desarrollador de la Terapia Gestalt decía que “Sin la toma de conciencia no hay nada”. Y es que el ser humano es una unidad, que aúna cuerpo, mente, emociones y “alma” y, por tanto, cualquier actividad en torno a él no puede olvidar su aspecto espiritual.

La Espiritualidad es el deseo de empatía con el Universo, el deseo de comunicar con el Espíritu que anima todas las cosas e insufla la Vida a través de los mundos. Esto es lo transpersonal.