Mi vivencia en el Encuentro con Árboles en el Bosque Mágico de Urbasa con Michel Abriel

(Artículo escrito por Eva María Moro Ramos, Mayo 2016)

La previsión del tiempo no parecía la más adecuada para disfrutar de un fin de semana conociendo y adentrándonos en el parque natural de Urbasa, en Navarra.

Resulta casi inevitable asociar el sol a momentos de alegría y diversión. Pero también se puede disfrutar de las nubes y la lluvia. Todo depende de nuestra predisposición. El agua es vida, la lluvia es vida, tan necesaria como el sol, imprescindible para mantener el espléndido verdor de ese fabuloso paisaje. Al numeroso grupo que allí nos juntamos no nos frenarían esas previsiones.

Quizás el tiempo nublado nos acompañó para invitarnos al recogimiento. Quizás la lluvia que nos acompañó muy puntualmente era necesaria para completar esa limpieza interna que todos estábamos dispuestos a recibir, una invitación a soltar, a dejar correr.

RIMG_20160515_232141Michel Abriel nos acompañó y guió en esta pequeña pero intensa aventura. Es un gran conocedor de los árboles y de las plantas en general, pero también conoce las emociones humanas. Posee un gran conocimiento del mundo energético, con un excepcional don para la sanación. Nos invitó a acercarnos a los árboles de un modo distinto, percibiéndolos como seres conscientes que forman parte de nuestra realidad y que están ahí, dispuestos a ayudarnos, deseando ayudarnos.

Sólo tenemos que permitir que suceda, tenemos que abrir nuestro corazón para recibir esa potente medicina que la naturaleza nos ofrece generosamente.

Michel nos invitó a despertar nuestra capacidad de “resentir”, de poder conectar con esa parte intuitiva dentro de nosotros y que nos abre un mundo de percepciones sutiles que nos puede proporcionar una gran cantidad de información.

Es nuestro cuerpo el que lo recibe, el que resiente, el que tiene esa capacidad innata, aunque en la mayoría de los casos lo hemos olvidado. Michel nos animó a recuperarlo con la ayuda de los árboles y de ese entorno natural que invitaba a sentirnos uno con la naturaleza. Para establecer esa estrecha y deseada conexión que el resentir nos puede proporcionar, necesitábamos cumplir algunos requisitos que nos acercarían a nuestro propósito. Teníamos que estar conectados a tierra, tener los pies en la tierra, reconocer a la Madre Tierra que nos sostiene para poder echar profundas raíces que nos ayuden a mantenernos firmes. Nuestra disposición mental también era importante: reconocer el instante presente, el lugar, dejar nuestra mente en calma, liberándola de nuestras preocupaciones cotidianas para entrar plenamente a la consciencia del momento. Michel también señaló la importancia de vivir en nuestra identidad, desde nosotros mismos, dejando a un lado los condicionantes que nos imponen nuestra sociedad u otras personas. Teníamos que ser nosotros mismos al cien por cien.

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Comenzamos nuestro camino en el corazón del parque natural con la intención de llegar a su punto más mágico. Al poco de empezar a caminar por el hayedo, Michel nos hizo tomar consciencia de nuestro sentido de grupo, nuestro sentido de la colectividad. Necesitamos evolucionar como individuos, pero el gran paso de nuestra evolución lo tenemos que dar juntos. Era un lugar perfecto para entenderlo, rodeados de hayas, un árbol que precisamente se caracteriza por su profundo sentimiento de la colectividad. Caminamos en silencio interior, pero conscientes de que algo nos unía a todos, un propósito común de búsqueda, de comprensión, de liberación. Cada uno de nosotros trajimos a nuestra mente un tema concreto de nuestra historia personal, para que con ayuda de los árboles, pudiéramos obtener quizás un nuevo punto de vista, una aclaración, una liberación.

En nuestro camino nos encontramos con un monumento megalítico, un “lugar de trabajo” como Michel definió. Dejando atrás la obsoleta idea de los monumentos megalíticos como simples lugares de enterramiento, pudimos experimentar la potente energía que de ese lugar emanaba, y nos dejamos ayudar en ese camino personal de liberación.

Llegamos al esperado bosque encantado, donde las hayas y las rocas se cubrían casi por completo de un intenso verde que el musgo proporcionaba. Un lugar donde tal vez las hadas y los duendes vivan felizmente. Allí elegimos cada uno de nosotros un haya, a la que nos acercaríamos para establecer una conexión en busca de una luz hacia nuestro propósito inicial del camino. Posteriormente compartimos algunas de nuestras experiencias y nos conmovimos escuchando algunos de los momentos emocionantes e intensos allí vividos. La lluvia nos acompañó suavemente mientras deshacíamos nuestros pasos, como un mágico toque final que culmina un trabajo bien hecho para una limpieza perfecta.

Ese mismo día por la tarde, nos quedamos en el entorno del camping en el que estábamos alojados, disfrutando de la gran variedad de árboles que allí crecían. Tuvimos la oportunidad de aprender sobre las características botánicas y las propiedades medicinales de varios árboles, pero sobre todo tuvimos la oportunidad de adentrarnos en la parte menos conocida de los árboles, sus características energéticas sus “propiedades emocionales”, cómo cada árbol puede ayudarnos en nuestros diferentes estados emocionales o en nuestros diferentes propósitos personales. En nuestro recorrido, nos acercamos a fresnos, robles, abetos, pinos y espinos blancos.

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El domingo por la mañana recorrimos la senda del nacimiento del río Urederra, un recorrido protegido y de limitado acceso, para proteger ese delicado y asombroso entorno con cada vez mayor interés turístico. Comenzamos el recorrido, y sin darnos cuenta, nos fuimos dejando arrastrar por el egregor del camino: turistas que caminan pensando solamente en la llegada a la meta. Michel nos hizo conscientes de ello, para poder parar y recuperar el sentido de grupo que conseguimos el día anterior y empezar a caminar en plena consciencia sin dejarnos arrastrar por el automatismo.

RIMG_20160514_100312Conscientes nuevamente de nuestro propósito personal realizamos un ejercicio en círculo para afianzar nuestra conexión a tierra y con la naturaleza en su plenitud, dejando atrás nuestros miedos y resentimientos. Con esta nueva disposición consciente continuamos el camino hasta que un árbol llamó nuestra atención. Era un roble de apariencia saludable que tenía una hiedra rodeándolo. Michel nos hizo entender que la hiedra no asfixia al árbol, como muchas veces hemos escuchado, sino que viven en simbiosis, sacando partido ambos de la estrecha relación. Quizás esa idea es el reflejo de nuestra percepción de la colaboración mutua en nuestras propias relaciones, donde lo vemos como un riesgo más que algo beneficioso para ambas partes. Junto a este roble, Michel nos guió para resentir los centros energéticos del árbol, y pudimos comprobar que el árbol no estaba sano, a pesar de su apariencia. El motivo no era la hiedra, como todos pudiéramos pensar inmediatamente. El motivo era que había perdido su conexión a tierra. Pudimos ser testigos con admiración y en algunos casos de incredulidad, de cómo Michel, haciendo uso de su admirable capacidad energética para la sanación, ayudó a ese árbol a reconectarse con su esencia, pudiendo resentir nosotros mismos ese cambio. Michel dijo ante nuestro asombro: “No somos conscientes de nuestras capacidades”. Continuamos entre flores primaverales que adornaban con sus colores el camino y frondosos árboles que nos envolvían mientras caminábamos. Llegamos al final del recorrido, sabiendo que éste no había sido nuestro objetivo principal. Nuestro objetivo era el propio camino.

En el nacimiento del río Urederra, el agua brotaba con intensidad del interior de la montaña en su pureza máxima, cayendo por una pequeña cascada en un color azulado intenso. Muy cerca de la cascada, ya de vuelta, encontramos un pequeño prado junto a un arce. Fue el lugar elegido para hacer el cierre del curso. Michel nos transportó en el tiempo para hacer un ritual templario con el objetivo de agradecer todo lo que habíamos vivido durante el fin de semana. Agradecimos a la Madre Tierra, al bosque, a los árboles, a la lluvia, al sol, a toda la naturaleza, que se nos ofreció a sí misma para ayudarnos en nuestros caminos y en nuestros procesos personales.

Agradecimos a Michel Abriel su presencia, su gran generosidad con todos, su constante ayuda y apoyo, su sabiduría que nos acercó a lo más sutil de los árboles, sus energías sanadoras. Y agradecimos a GEA y a las personas que se implican con la asociación, por tener la iniciativa de organizar este taller, que estoy segura de que se volverá a repetir ante el éxito de éste.

Ojalá podamos volver a tener la oportunidad de seguir conociendo el mundo de las plantas y los árboles de la mano de Michel Abriel.

Eva María Moro Ramos

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